domingo, 23 de abril de 2017

Documental: "Oro chilote"

Dejo este muy buen documental que nos cuenta sobre la problemática en Chiloé de la extracción del ponpón (Sphagnum sp.), musgo nativo muy importante para el ciclo del agua en la Chiloé.


miércoles, 19 de abril de 2017

Monumento Natural El Morado


Muchas personas tienden a sinonimizar los conceptos conservación y preservación, si bien corresponden a cosas diferentes y los alcances de su definición pueden determinar de manera tajante la conformación de un territorio en la medida de que se preserva o conserva. Mientras que la preservación se refiere a la administración de un lugar, objeto, ente o fenómeno lo más intacto posible, sin realizar extracción de recursos de él, ni usarlo de tal manera que se altere, la conservación se refiere a la administración de un lugar, objeto, ente o fenómeno de al manera que podamos extraer sus recursos o proveernos de sus servicios de manera sustentable y sostenible en el tiempo, es decir, que no comprometa la integridad de lo que se conserva, y buscando su restauración.
Bajo estas definiciones surgen las Reservas Nacionales, Parques Nacionales y Monumentos naturales, administrados en Chile por la Corporación Nacional Forestal.
Las Reservas Nacionales tienen fines de conservación del patrimonio natural del país, encontrándose en su interior tanto zonas de bosque nativo, como plantaciones con fines productivos de especies exóticas como pino insigne (Pinus radiata) o eucalipto (Eucalyptus sp.), reflejando su carácter conservativo. Un ejemplo es la Reserva Nacional Lago Peñuelas, ubicada en la V Región.
Los Parques Nacionales tienen un fin preservativo y comprenden grandes superficies, buscando englobar ecosistemas particularmente diversos que muestren gran biodiversidad de modo de dejarlos amparados bajo su protección. Un ejemplo es el Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, ubicado en el archipiélago homónimo y que presenta altísimos niveles de endemismos a nivel de flora y fauna.
Los Monumentos Naturales, al igual que los parques, tienen fines de preservación, sin embargo se diferencian en la superficie que abarcan que es menor y en que buscan proteger un ente o fenómeno natural en particular en vez de una gama de ecosistemas, tanto por su valor ecológico como por su valor cultural.

Bajo el alero de Monumento Natural, el 19 de julio año 1974 se establece el Monumento Natural El Morado el cuál pretende proteger el fenómeno de avance del glaciar colgante San Francisco. Ubicado a 93 kilómetros de Santiago, el área comprende 3009 hectáreas de cordillera que abarcan formaciones vegetacionales como el matorral esclerófilo andino y la estepa altoandina, emplazado en un circo glaciar formado por el San Francisco. Su cumbre más alta es el cerro el Morado, con mas de 5000 metros sobre el nivel del mar y que le da el nombre al lugar, si bien el cerro quizá mas importante sea el cerro San Francisco, donde se ubica el glaciar homónimo, y a cuyos faldeos se encuentra la laguna Morales. Como es de esperarse en la zona, el deshielo de las nieves y el glaciar alimenta numerosos afluentes que finalmente tributan al río Morales.

Posee especies vegetales endémicas como el frangel (Kageneckia angustifolia) especie que marca el límite de la vegetación arbórea, o el cactus Austrocactus spiniflorus endémico de la cordillera de la Región Metropolitana. En total hay alrededor de 300 especies de flora, entre nativa y exótica.


Austrocactus spiniflorus (foto de Juan Pablo Salgado).

En cuanto a la fauna nativa, esta se caracteriza por su pequeño tamaño y por sus altos niveles de endemismo. Un ejemplo es el cururo (Spalacopus cyanus), roedor de color negro que habita en colonias bajo tierra, endémico de Chile, o aves como el picaflor cordillerano (Oreotrochilus leucopleurus) que también se encuentra en Bolivia y Argentina. Si bien la fauna suele ser pequeña, destaca de entre ellas el cóndor (Vultur gryphus), ave carroñera de hasta 2,5 metros de envergadura emblemática de la cordillera y quizá la más fácil de reconocer de entre la avifauna nativa.

Existe evidencia de que el ser humano ha visitado el área desde hace miles de años. El pueblo chiquillán, actualmente extinto y del que no queda ningún descendiente directo, ocupó la zona estacionalmente en busca de piezas de caza tales como el guanaco, que ya no está presente en el Morado, y vegetales comestibles. Es probable que la zona fuese también ocupada de manera esporádica por picunches, rama nortina del pueblo mapuche y actualmente también extinta culturalmente, debido a que se anexó al imperio Inca. Dicho imperio, que ocupó el valle de Santiago, realizaba incursiones en la cordillera, al encontrar en ella sitios ceremoniales sagrados para adorar tanto a las montañas mismas como a Inti, el dios sol, y para lo cuál requería de yanaconas (indios de servicio) pertenecientes a las etnias anexadas al imperio. Recodemos el hallazgo de el Niño de El Plomo, niño dado en ofrenda humana a los dioses en un rito Inca, y que se encontró en el cerro El Plomo, fuera del cajón del maipo.

Si bien actualmente no quedan chiquillanes, picunches o incas que ocupen estos territorios, se pueden ver reminiscencias de su cultura en los huasos del lugar: sus rutas de transhumancia en las que arrean el ganado de una pastura a otra, el folclore e historias relatadas de una generación  a otra o en el uso de hierbas medicinales o para consumo, etc.

Para poder llegar desde Santiago se debe tomar la ruta G-25, de modo que se puede pasar por el sector de Las Vizcachas, El Manzano y San José de Maipo, todos lugares icónicos del cajón. Luego de algunos kilómetros después de cruzar el Puente San Gabriel se encuentra una bifurcación. Se debe seguir el camino de la izquierda de modo que se llega a la localidad de Baños Morales, villorrio cercano a la confluencia del río Morales y el río el Volcán. Si se viaja en vehículo particular, este debe dejarse en el villorrio y caminar hacia el acceso al monumento, que se encuentra en el mismo, y que solo se puede acceder a pie ya que no cuenta con estacionamiento para turistas.


La alameda subre las casa de Baños Morales, visto desde el Morado (foto de Juan Pablo Salgado).

Al ser Monumento está prohibido acampar, si bien cuenta con un sendero que parte desde la administración hasta el glaciar San Francisco y que durante el invierno solo está funcionando los tres primeros kilómetros ya que la nieve del sector vuelve peligroso el tránsito el resto del tramo. Este se debe realizar a pie, quedando prohibido el ingreso de caballos al Monumento, así como cualquier otro tipo de ganado o mascotas. Durante la temporada estival el horario de ingreso del público es de 08:00 a 13:00 hrs, mientras que en temporada de invierno es de 08:00 a 12:30 hrs, de modo que se garantice que las últimas personas en entrar tengan tiempo para llegar al glaciar y volver antes del cierre.

Todas estas medidas son necesarias para la preservación del lugar, evitando que los visitantes consuman leña y haya riesgo de incendios, o que se permita el ingreso e animales que puedan transmitir enfermedades o depreden a la fauna y flora nativa alterando la composición de su ecosistema, y obviamente para la misma seguridad de los visitantes. La preservación del glaciar San Francisco ha traído aparejado un aumento en el desarrollo de la vegetación nativa al excluir total o parcialmente el ingreso de ganado, ofreciendo una vista similar a la que se tenía la vegetación original en la cordillera de la Región Metropolitana. Aún así, ocasionalmente se puede ver ganado caballar o caprino en el interior, debido a que los lugareños los dejan pastando a pesar de la prohibición existente. Según me comentó un funcionario, el ganado caprino es fácil de fiscalizar debido a que son pocas las personas dueñas de esas cabras, pero en el caso de los caballos es más difícil debido a que casi todos los lugareños poseen estos animales. La misma comunidad se ha adaptado a la administración de El Morado y dejan su ganado por la tarde, de modo que pueden pastar toda la tarde y durante la noche dormir allí, ya que los funcionarios sacarán a los animales a la mañana del día siguiente.

Pero no todas las relaciones con la comunidad vienen a generar conflicto: para poder acceder al Monumento se debe llegar y pasar por Baños Morales, poblado que recibe sus nombre de las aguas termales que allí afloran, y que le ha dado la oportunidad de desarrollarse económicamente en base al turismo de aquellas personas que buscan en sus aguas un momento de relajo en tono a la naturaleza. Esta situación se ha visto favorecida por la declaración del Monumento Natural El Morado, al agregarse el afluente de gente que pasa por Baños Morales para llegar a la zona protegida. Así, el poblado no solo se vale de las aguas termales, si no también de su comida tradicional, hospedaje, visitas guiadas a caballo, etc. para desarrollarse económicamente.
Curiosamente, dentro del Monumento está emplazada una cruz de madera en un mirador natural desde donde se puede ver el río, el sector Las Amarillas, el camino que lleva a Baños Morales y el paisaje en general. Dicha Cruz, según se me comentó, ya se encontraba en dicho lugar cuándo se declaró Monumento Natural, y no está claro ni su origen, ni quién le pasa una nueva mano de pintura año a año. En conversaciones con los lugareños, estos han relatado diferentes versiones de su origen: un accidente aéreo en las cercanías, un derrumbe que mató estudiantes más adentro en el sector, entre otros hechos lamentables y que podrían haber motivado a alguien a emplazar la cruz, aunque su origen sigue incierto.

Foto de Camila Torres

No solo las comunidades aledañas tienen un impacto en El Morado: en todo el Cajón del Maipo se vive una tensa situación desde la aprobación e implementación del proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo, el cuál involucra la remoción de material rocoso para la instalación de acueductos y otras instalaciones, sin mencionar el uso no consuntivo de las aguas de algunos afluentes en el sector. Las consecuencias ecológicas de semejantes alteraciones se verán en los próximos años, pero socialmente tuvieron un efecto aún antes de su aprobación, generando disputas intestinas por los efectos que traerá a la comunidad. La mayor parte de la energía eléctrica generada en Alto Maipo no está destinada a los poblados del cajón, ni a la población creciente de Santiago, si no a la minera Los Pelambres, que la requiere para sus faenas productivas.
Incluso más allá de las fronteras nacionales, las actividades de la sociedad globalizada surten efecto en los parajes naturales aparentemente imperturbables. El cambio climático global ha generado un aumento en las temperaturas medias anuales, así como una disminución en las precipitaciones, y una mayor concentración de estas en menos eventos al año. Todo ello ha causado que el glaciar San Francisco haya disminuido su volumen y se encuentre actualmente en un proceso de retroceso. Así, el avance continuo de los glaciares desde hace mas de 10.000 años en la ultima glaciación se ha empezado a detener e incluso a retroceder en casos como este.

lunes, 17 de abril de 2017

El pequeño gran universo de los ácaros

Ácaro atrapado en una telaraña (foto de Bernardo Segura).

Más allá de lo que aprecia el común de la gente existe un universo completo a diminuta escala habitado por miles de millones de animales de pequeñísimas dimensiones, tan interesantes como las criaturas que vemos en los documentales del Serengeti africano.
Es el universo de los ácaros: arácnidos de diminutas dimensiones que representan quizá uno de los grupos animales más exitosos, ocupando casi todos los nichos que pudiesen imaginar. De hecho podríamos decir que no es un solo pequeño gran universo de los ácaros, si no muchos, pues cada hábitat que conciban probablemente tenga al menos una especie de ácaro: materia orgánica en descomposición, flores, el subsuelo, entre las plumas, escamas y pelos de diferentes animales, charcos, e incluso en los orificios y dentro del cuerpo de otros animales.
¿Qué son los ácaros? Pues bien, los ácaros son todas aquellas especies que pertenezcan a la Subclase Acari o Acarina, una clasificación taxonómica de las especies. Esta Subclase se divide a su vez en otras clasificaciones pero no viene al caso detallarlas todas.

Estos invertebrados poseen los más variados estilos de vida y adaptaciones que les permiten desenvolverse en su pequeño gran universo. Ciclos de vida acelerados, endogamia forzada, piezas bucales especializadas, garras, generar hilos de seda, ventosas etc., se cuentan entre estas adaptaciones. 
El animal más rápido del mundo es, de hecho, un ácaro. La especie es Paratarsotomus macropalpis, endémico de California, es capaz de recorrer una distancia equivalente a 171 veces la longitud de su cuerpo en un segundo.
Incluso en nuestro rostro viven al menos tres especies de ácaros, Demodex folliculorum es una de ellas. Estos animalillos, que ni siquiera se parecen a los ácaros mostrados en las fotos de este post, viven en el rostro de Homo sapiens, donde descansan en nuestros folículos capilares y salen por la noche para aparearse bajo nuestras narices (y a los lados, y arriba).

El primer par de patas de este ácaro, tan largo, seguramente sirve para percibir su entorno que para caminar (foto de Bernardo Segura).

Estos arácnidos pueden estar muchos mas presentes en nuestras vidas de lo que uno podría imaginar. Por ejemplo, no muchos saben que las garrapatas son en realidad ácaros parásitos. En Chile tenemos especies introducidas como la garrapata del perro (Rhicephalus sanguineus) que parasita a nuestras mascotas y es un chupador de sangre de cuidado. Por supuesto que tenemos garrapatas parásitas nativas, por ejemplo Amblyomma tigrinum encontrada tanto en perros como en zorros o A. parvitarsum, que parasita camélidos como la llama (Lama glama) y la alpaca (Vicugna pacos), ambas encontradas también en ganado doméstico. Incluso el amenazado monito del monte (Dromiciops sp.) es parasitado por Ixodes neuquenensis.
Como ya se comentó, los ácaros han ocupado todos los nichos imaginables y existen ácaros chupasangre en aves, lagartijas y otros invertebrados como la escolopendra chilena (Akymnopellis chilensis) o incluso otros arácnidos como los opiliones.

Izq: Lagartija Liolaemus monticola con dos ácaros sobre su párpado, quizá alimentándose de su sangre; Der: opilión con ácaros color naranja sobre él (fotos de Bernardo Segura).

Además de ser una molestia para otros animales, algunas especies pueden causar dolores de cabeza en la agricultura. En Chile contamos con diferentes ácaros de interés agronómico pues se alimentan de nuestros cultivos. De hecho hay una grupo de ácaros rojos pequeños como un punto que se denominan genéricamente "arañitas rojas", de las cuales comentaré sobre la "falsa arañita roja de la vid" (Brevipalpus chilensis), por ser nativa. La falsa arañita roja es capaz de vivir de diferentes cultivos: vid, cítricos, kiwis, almendros, etc., en donde se ocultan las hembras en otoño, en las partes leñosas como bajo la corteza. En primavera, con los brotes nuevos de las plantas, despiertan y van hacia los brotes para alimentarse. Al alimentarse de los brotes nuevos generan un daño reduciendo el vigor de la planta y disminuyendo su capacidad productiva. Se ha calculado que el rendimiento de los cultivos puede  disminuir entre un 30 y un 40% cuando la falsa arañita roja se encuentra en altas densidades.
Para controlarla se recurre a diferentes medios entre ellos un aliado inesperado: ¡otros ácaros! Se usan en el llamado control biológico, método de control de plagas en el cuál se recurre a predadores para mantener a raya las especies que puedan considerarse dañinas, tanto en agricultura como para la salud humana o en otras situaciones. Para este caso se requiere de los servicios de diferentes especies de ácaros, entre las cuales está Chileseius camposi, que también es nativo.


Pero los ácaros van muchísimo mas allá de las garrapatas y las plagas agrícolas, y nuestros ecosistemas albergan especies que desempeñan diferentes roles.
Nuestras playas, por ejemplo, albergan la llamada meiofauna, que son aquellos invertebrados de pequeñísimo tamaño que viven entre los granos de arena de la zona intermareal. Dentro de estas especies hay ácaros, los cuales destacan porque, a diferencia del resto de meiofauna, éstos tienen un origen terrestre y no marino.

Ácaro en la playa, pasando cerca de un caracol de la zona intermareal (foto de Fernando Medrano).

En tierra firme los ácaros están presentes en el suelo y la hojarasca de los bosques. En los bosques esclerófilos de la zona central puede que los ácaros jueguen un papel importante en el ciclo de los nutrientes. Resulta que en los bosques de la cuenca del mar mediterráneo existen muchas especies vegetales cuyos cuerpos están llenos de aceites esenciales y otros compuestos, muchas veces aromáticos, y al morir las plantas o caer sus hojas, los organismos que generalmente realizan la descomposición no toleran la alta concentración de estas sustancias químicas. Son entonces los ácaros quienes consumen esta materia orgánica y la reintegran a la red trófica. Los bosques esclerófilos de la zona central son muy parecidos a los del mediterráneo porque tenemos el mismo clima y las plantas se adaptan de maneras similares. Haciendo esta comparación podríamos esperar que los ácaros de aquí desempeñen la misma función.

Ácaro aterciopelado del bosque esclerófilo (foto de Bernardo Segura)

¿Recuerdan cuándo les dije que los ácaros estaban en todas partes? En Chile se han encontrado especies incluso dentro de los tallos del junquillo (Juncus procerus), una planta acuática que crece en humedales. El descubrimiento de estos ácaros es llamativo no solo porque se encontraban dentro del parénquima de los tallos, o sea de los tejidos dentro del tallo, si no porque se descubrieron especies que no se sabía que estaban presentes en Chile, ni siquiera que vivían en estos ambientes acuáticos. Dentro del junquillo se encontraron ¡9 Géneros de ácaros! Es decir: por lo menos 9 especies. Dentro de los Géneros encontrados se pueden mencionar Holoparasitus, Cyta y Balaustium, de los cuales no se tenía registro previo en Chile. También se encontraron ácaros del Género Eupodes, el cuál se supone que se encuentra también en la Antártida Chilena con la especie E. wisei. Arrenurus fue otro ácaro encontrado, el cuál pertenece a la familia de los hidracnidos (Hydrachnidae), una familia de ácaros de vida acuática, y que en Chile se cuenta con las especies A. valdiviensis, A. solitarius, A. tenuicollis A. boettgeri.

Junquillo (foto sacada del siguiente link: https://www.flickr.com/photos/fjbn/5500593589).

Dentro del parénquima de las plantas, o dentro las narices de los picaflores, incluso. Por curioso que suene, cuándo los picaflores visitan una flor, pequeñas tropas de ácaros que esperan en la flor se suben a su pico y caminan raudos hacia los orificios nasales del ave, alojándose en su interior. Cuándo el picaflor visite otra flor, los ácaros se bajarán igual de rápidos. Los ácaros podrán alimentarse de néctar o polen que tengan las flores y al hacerlo sus cuerpos podrían verse cubiertos de polen que llevarán a otra planta y contribuir así a la polinización.

Ácaros sobre la flor de una Euphorbia (foto de Bernardo Segura).

Con las diversidad de hábitats que tenemos en Chile: desiertos, bosques mediterráneos, templados, savanas, matorrales, playas de todo tipo, etc., es de esperar que cada hábitat posea sus ácaros específicos, y estos alcancen una gran diversidad. No solo eso, sabemos también que los parásitos muchas veces son específicos para una especie de hospedero (a la que parasitan), y tomando en cuenta que Chile cuenta con un gran porcentaje de especies endémicas, podría esperarse algo similar para sus ácaros parásitos. Pues bien, la respuesta es: no lo sabemos. 
Pasa que la diversidad de ácaros nativos está escasamente estudiada, sobre todo si la comparamos a la asociada a cultivos agrícolas. Urgen especialistas y estudios que nos revelen y clarifiquen la que seguramente es una acarofauna riquísima en endemismos adaptados a nuestras únicas condiciones como país. Esto podría beneficiar tanto a la agricultura como a los proyectos de restauración de ecosistemas, así como la salubridad humana. Tenemos mucho trabajo por hacer.

Foto de Bernardo Segura.

jueves, 23 de marzo de 2017

La Araucaria o Pehuén (Araucaria araucana)

Foto de Juan Pablo Salgado.

Mucho se puede hablar de la araucaria o pehuén, sabiendo la importancia que tiene para muchos chilenos al ser uno de los árboles más fáciles de reconocer, y de los más icónicos del país. Las araucarias, sin embargo, poseen una historia que se remonta a millones de años en el pasado, cuando los continentes se encontraban unidos en un solo gran continente llamado Pangea, hace 180 millones de años. Pangea fue fragmentándose en los continentes Laurasia y Gondwana, desplazándose el primero al norte del Ecuador y el segundo al sur. Gondwana conservó sus bosques de araucarias primitivas y al fragmentarse posteriormente para dar origen a Sudamérica, Australia, África, la Antártida y la India. Es esta la razón por la que las araucarias pueden encontrarse también en Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia (estas dos últimas provienen de Australia), si bien se extinguieron en el resto de tierras que formaron parte de Gondwana.
Las araucarias, o al menos miembros de su antigua familia, llegaron también a Laurasia, aunque posteriormente se extinguieron. Esto se explica pues su origen sería previo a la división de Pangea.
En Sudamérica viven aún dos clases de araucarias: la Araucaria angustifolia y Araucaria araucana. La primera vive en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y en Chile es ampliamente usada en el arbolado urbano de las ciudades de la zona central, llegando mucha gente a pensar erróneamente que corresponde a la nativa Araucaria araucana.

Fotocaptura del episodio 6 de "Caminando con dinosaurios", de la BBC. Se ven Tyrannosaurus rex rugiendo con araucarias en el fondo. Esta escena fue grabada en Parque Nacional Conguillio, en Chile y, posteriormente con softwares fueron añadidos los dinosaurios digitalmente, obviamente.

En Chile, la especie Araucaria araucana es llamada simplemente araucaria o, en el caso de los mapuches, pehuén o pewén. Crece desde la Región del Biobío hasta la Región de los Ríos, principalmente en la cordillera andina, si bien en la cordillera de Nahuelbuta, parte de la cordillera de la costa, se encuentra una población importante de araucarias que, según algunos científicos, podría corresponder a una subespecie diferente. De forma natural crece entre los 600 y los 1700 msnm (metros sobre el nivel del mar) en suelos volcánicos o arcillosos. Debido a que su hábitat se encuentran a altitud y en el sur del país, durante una parte del año deben afrontar la nieve, que se acumula en sus ramas y follaje. La forma de sus ramas evita que se acumule demasiada nieve que pueda romperlas. Algunos árboles con los que comparte el hábitat pierden sus hojas en invierno, como la lenga (Nothofagus pumilio), para que la nieve no mate su follaje. Las araucarias, en cambio, no necesitan desprenderse de sus hojas, que son coriáceas y están adaptadas a la nieve.

Foto de Bernardo Segura.

Estos árboles poseen un lento crecimiento desde que germinan los piñones, que son las semillas de la araucaria, por las agrestes condiciones de su entorno, como la aridez del terreno donde germinan, las nieves que cubren los brotes, etc. Además, los piñones deben germinar y crecer en sitios abiertos con abundante luz solar, y no bajo el dosel denso de las araucarias maduras y otros árboles o si no la falta de luz los mata.
Una vez establecidos, los jóvenes arbolitos pueden llegar a vivir más de mil años, alcanzando 50 metros de alto y más de 2 metros de diámetro. Su tronco es rugoso y el follaje se concentra en el extremo superior, de modo que recuerda a un paraguas.  El tronco está cubierto de una serie de rugosidades que parecieran "encajar" entre sí y que tiene la particularidad de ser difícil de inflamar, algo muy útil en su hábitat dominado por volcanes activos que pueden generan incendios forestales cuando hacen erupción.

A menudo los troncos de araucarias se cubren de líquenes (foto de Juan Pablo Salgado).

Los árboles, a medida que van creciendo, van cambiando su forma. Las araucarias jóvenes van adoptando una forma similar a un pino, y luego van adquiriendo la forma de paraguas característica. Cuándo están listos para reproducirse se pueden diferenciar los árboles machos de las hembras. Los primeros dan conos alargados que desprenden su polen al viento. Aquellos granos de polen que lleguen a los conos femeninos los fecundarán y darán origen a un estróbilo ("fruto") de forma esférica compuesto de piñones. Entre que el polen llega al cono femenino, hasta que las semillas maduran pueden pasar ¡de 16 a 18 meses!

No es de extrañar que siendo un árbol dominante en sus bosques y por su historia antediluviana, exista fauna íntimamente ligada al pehuén. Existe, por ejemplo, el gorgojo de la araucaria (Calvertius  tuberosus), un insecto cuyo ciclo vital dependen del pehuén: las larvas se alimentan solo en los troncos caídos de estos árboles, bajo su corteza.

Gorgojo de la araucaria (foto de Manuel Cristóbal Gedda Ortiz). 

Los choroy (Enicognathus leptorhynchus) y cahañas (E. ferrugineus) son dos loros nativos que se alimentan de diferentes elementos, entre ellos los piñones de las araucarias, y cuando los pehuenes tienen sus semillas maduras llegan en enormes bandadas a darse un festín, separando las semillas entre si, que vienen compactadas en una gran bola, manipulando algunos piñones para llevárselos al pico. En este proceso caen muchísimos al suelo, donde son consumidos por otros animales que no pueden subir a los árboles a buscarlos. Esto ocurre con el pudú (Pudu puda) y el tunduco (Aconaemys fuscus) que recolecta las semillas y las almacena en sus galerías subterráneas para tiempos de carestía. Muchas de estas semillas no son consumidas y terminan germinando, por lo que el tunduco contribuye a su dispersión.

El ser humano también acude a la bonanza. Y lo viene haciendo desde hace siglos, quizá miles de años. Existe todo un grupo étnico cuya relación con este árbol es tan estrecha que se autodenominan pueblo "pehuenche", que traducido desde su idioma significa "gente del pehuén". Este árbol forma parte de su cultura e identidad y durante mucho tiempo los piñones han sido su principal sustento, cocinándolo de diferentes maneras y guardándolo para momentos de carestía, tal como el tunduco.

Extracto de la serie "Pueblos originarios", transmitido por TVN el año 2010, del episodio "Pehuenches".

Juan Carlos Bodoque, junto a Huachimingo y la machi Fresia nos contaron la historia del pehuén en una "Nota verde".

Los piñones son ahora usados no solo por los pehuenches como alimento. En restaurantes se ven platillos que los incluyen, y cada año se ha hecho más fácil ver este producto a la venta en ciudades como Santiago. Los principales colectores siguen siendo los pehuenches, pero ya no solo es para autoconsumo y ha pasado a formar parte de su sustento monetario. Al parecer esta actividad se ha realizado de manera descontrolada y según especialistas, ésta sería la principal razón por la que ya prácticamente no existe regeneración (arbolitos nuevos) de esta especie.
Sumado a este problema está el hecho de que las araucarias están muriendo y las razones no están del todo claras. El proceso se vuelve visible cuando las ramas inferiores se secan y, paulatinamente, las superiores también, hasta que el proceso mata al árbol. La CONAF se encuentra evaluando la situación para saber qué es lo que le está pasando al pehuén y poder actuar oportunamente para salvarlo. Al parecer la causa de todo estos serían las sequía prolongadas a las que se han afrontado las araucarias. Frente a condiciones de estrés hídrico como la sequía, las plantas suelen cerrar sus estomas para evitar la pérdida de agua. Cuándo esto ocurre no son capaces de realizar la fotosíntesis y generar azúcares, por lo que deben vivir de sus reservas energéticas, y en períodos prolongados esto podría comprometer la vida de la planta.
La araucaria es uno de los árboles más llamativos de nuestro país, y su importancia no se queda en las comunidades que interactúan constantemente con ella. Desde 1976 su tala está prohibida, considerándose Monumento Natural, y su encanto ha tocado incluso a quienes no viven a su lado. Pablo Neruda nos dejó su "Oda a la Araucaria araucana", en honor no solo del árbol, si no del pueblo que sustentó por tanto tiempo:

Alta sobre la tierra te pusieron
dura, hermosa araucaria de los australes montes,
torre de Chile, punta del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia.

Ahora, sin embargo, no por bella te canto,
sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto.

Antaño, antaño fue cuando sobre los indios 
se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño,
y dejó sobre la tierra mojada los piñones:
harina, pan silvestre del indomable Arauco.

Ved a la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines
y frente a ellos el grito de los desnudos héroes,
voz de fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas por el bosque,
tambor, tambor sagrado y dentro de la selva el silencio,
la muerte replegándose, la guerra.

Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga
las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas.

La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje.
Terror, terror de un golpe de herraduras,
el latido de una hoja, viento, dolor y lluvia.
De pronto se estremeció allá arriba la Araucaria araucana,
sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón
tuvieron un movimiento negro de batalla:

Rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura,
y entonces cayó una marejada de piñones.
Los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida
y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria.

Así la lanza recompuso sus lanzas de agua y oro,
zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto,
y avanzaron las cinturas violentas como rachas,
las plumas incendiarias del cacique.
Piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino.

La araucaria, follaje de bronce con espinas,
 gracias te dio la sagrada estirpe
gracias te dio la tierra defendida.
Gracias, pan de valientes,
alimento escondido en la mojada aurora de la patria.
Corona verde, pura madre de los espacios,
lámpara del frío territorio,
hoy dame tu luz sombría
la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces
y abandona en mi canto la herencia
y el silbido del viento que te toca
del antiguo y huracanado viento de mi patria.

Dejar caer en mi alma tus granadas
para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto.
Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra
a la entraña lluviosa de la tierra.
Entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia,
la invasión, la codicia, el desacato.
Tus armas deja y vela sobre mi corazón,
sorbe los míos, sobre los hombros de los valerosos,
porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes
yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo.
Araucaria araucana, aquí me tienes.

Foto de Pedro Vargas.

sábado, 11 de marzo de 2017

Hormigas de Chile

Dorymyrmex goeschi en la entrada de su nido (foto de Bernardo Segura).

Todas las personas conocen a las hormigas. Son de los pocos insectos que nos acompañan prácticamente en el día a día. Sin embargo, y a pesar de su aparente cotidianidad, albergan historias fascinantes. Las hormigas son un bicho muy parecido al ser humano por un hecho poco común en los insectos: son sociales, organizados y crean sociedades casi tan complejas como las nuestras. Existen hormigas que son activas cazadoras-nómadas, otras recolectoras, las hay granjeras: ganaderas o agricultoras. Existen también hormigas ladronas, esclavistas de otras hormigas o cooperadoras entre sí.
Existen otros insectos que viven en comunidades organizadas tales como el moscardón o abejorro chileno (Bombus dahlbomii) que forma colmenas. Pero estos insectos forman colmenas cuya existencia solo dura una temporada, luego de lo cuál todos los individuos mueren con excepción de aquellos que fundarán colonias al año siguiente. En las hormigas, en cambio, ocurre que sus colonias pueden durar varios años. Esto, sumado a que en una colonia se traslapan las generaciones y al hecho de que existen divisiones en el trabajo de los individuos de la colonia, hace que se les considere eusociales, comportamiento que comparten con la abeja melífera (Apis mellifera) y, curiosamente, con el crustáceo de la especie Synalpheus regalis y las ratas topo desnudas (Heterocephalus glaber).

Cámarones eusociales en la serie de la BBC "Planeta Azul".

¿De dónde vienen las hormigas? Pues bien, las hormigas descienden de avispas primitivas, ya sociales, que hace millones de años adoptaron un modo de vida subterráneo, elaborando sus avisperos bajo tierra. Con el transcurso de la evolución perdieron sus alas, que pueden ser una molestia mientras se desplazan por túneles en el subsuelo.

Bajo tierra siguieron con su modo de vida social, dividido en castas altamente organizadas y especializadas que trabajan en conjunto para mantener a la colonia. Dentro de las castas tenemos a las obreras, individuos más numerosos y que realizan las distintas labores: limpiar el hormiguero, salir a buscar comida, atender a las otras castas, organizar las cámaras de sus colonias, etc. Algunas especies poseen diferentes tipos de obreras que realizan una u otra de estas tareas, como la nativa Brachymyrmex giardii que posee obreras de distintos tamaños, siendo las más grandes cosechadoras de néctar, el cuál almacenan en su abdomen expansible.
Algunas especies cuentan con una casta de soldados, cuya única función es la defender al hormiguero frente a predadores u otras hormigas. En Chile los hormigones (Camponotus sp.) cuentan con la casta de soldados que se distinguen por sus grandes cabezas.
La casta mas importante es la casta reproductora, que muchas veces tiene la apariencia de hormigas obreras con la diferencia de que presentan alas, como sus ancestros avispas. Esta casta es mimada por las obreras en el hormiguero hasta que se desata, en ciertas épocas del año, el vuelo nupcial en el cual los machos y hembras alados salen de su hogar para volar y reproducirse con el fin de fundar nuevas colonias. Los machos mueren después de este proceso y también muchas hembras, pero algunas, fertilizadas, empiezan a construir sus hormigueros y fundan así una nueva colonia. En algunas especies un nido puede tener mayor proporción de machos en su casta reproductora mientras que el nido vecino puede tener mayor proporción de hembras, de modo que existe mas probabilidad de que se crucen entre sí que con sus hermanas.

Vuelo nupcial de hormigón dorado (quizá C. chilensis C. spinolae) (video de Juan Pablo Salgado).

En muchas especies las hembras fecundadas empiezan su nido y sellan la entrada mientras crían a su prole, sobreviviendo las reinas al metabolizar los músculos de sus alas y alimentando a sus primeras larvas con huevos tróficos, que son estériles y cumplen la función de alimento. Cuándo ya poseen sus primeras obreras, son estas las que abren la entrada del nido.
Luego de criar a sus primeras obreras dejan de trabajar y solo se dedican a poner huevos mientras sus hijas la atienden. Así surge la reina, que puede gobernar su hormiguero en solitario o en conjunto con otras reinas que cooperen entre sí al momento de fundar el nido, como ocurre con los hormigones. Las reinas son de mayor tamaño que el resto de las castas y viven  mimadas por sus hijas obreras en sus hormigueros. No pareciera que las reinas lleven vidas muy agitadas pero en algunas especies, cuándo varias hembras reproductoras han empezado juntas una colonia, con el paso del tiempo la reina dominante toma el poder por la fuerza matando a sus compañeras.

Reina de hormiga de fuego de la especie Solenopsis gayi (Foto Asiel Olivares).

Entre tantas hormigas, castas y labores necesarias para mantener sus colonias ¿Cómo se organizan entre sí? La respuesta es: comunicación química. Estos insectos son capaces de producir sustancias químicas que codifican mensajes de modo que pueden alertar a sus compañeras de un peligro, marcar rutas de escape o hacia fuentes de alimento, o avisar de que se requiere ayuda para reparar algunas partes del hormiguero.
La comunicación química se realiza a través de feromonas volátiles (quedan en el aire) o sustancias no volátiles. Son compuestos químicos de diferentes tipos que son generados y almacenados en ciertas glándulas en el cuerpo de la hormigas y que los va liberando de manera controlada para comunicarse. Las distintas combinaciones de compuestos, y sus proporciones, codifican mensajes específicos que la hormiga es capaz de percibir a través de sus antenas.

Si bien se comentó en un inicio que las hormigas evolucionaron al hacer sus colonias bajo tierra, actualmente las  distintas especies han ocupado diferentes lugares para establecerse. Mientras que los hormigones negros (C. morosus) pueden hacer sus hogares bajo tierra o piedras, los hormigones dorados pueden usar troncos caídos y en proceso de descomposición, y la hormiga arborícola (Pseudomyrmex lynceus) ocupa huecos en ramas secas de los árboles para construir sus nidos, razón por la cuál se encuentra incluso en las dunas de Concón, donde anida en los arbustos de gran tamaño que se encuentran entre las dunas. Existen especies capaces de vivir en hormigueros de otras especies y coexistir en relativa armonía y, en las selvas tropicales, existen los llamados "jardines de hormigas", compuestos por plantas de determinadas especies que albergan una o varias especies de hormigas especializadas en vivir solo en ese tipo de plantas. Esto último quizá ocurra en Chile, en los bosques del sur o aún en los de la zona central, pero desconozco si es así.
Incluso dentro de las especies que construyen sus nidos bajo tierra hay diferencias, y algunas prefieren suelos arenosos, mientras que otras los prefieren suelos mas compactos y así.

Hormigas nativas en el Cajón del Maipo, con hormigueros bajo tierra cuyas entradas parecen volcanes en miniatura (fotos de Daniel Hinojosa).

 
Izq: hormiga arborícola en espino; Der: hormiga arborícola asomándose de su nido en una rama (fotos de Bernardo Segura y Pedro Vargas respectivamente).

En sus hormigueros hay galerías específicas para la casta reproductora, desechos del hormiguero, despensas de comida, huevos y larvas. Los nidos se ordenan de maneras acorde a los hábitos de las diferentes especies. Las hormigas ortiga, del Género Pogonomyrmex que en Chile cuenta con 5 especies, poseen "basureros" donde dejan restos de comida y que sirven a otros insectos como fuente de alimento, incluyendo otras especies de hormigas. 
Se vuelve necesaria la mención de las hormigas cortadoras de hojas, de los Géneros Atta y Acromyrmex, que cosechan hojas y en sus hormigueros subterráneos poseen cámaras destinadas a formar jardines de hongos que alimentan con estas hojas. Los hongos solo se encuentran en estos jardines, donde tienen las condiciones necesarias para su crecimiento. Las hormigas los cultivan pues se alimentan de ellos.

Las hormigas ortiga, llamadas en inglés harvester ants (hormigas cosechadoras), usan y transforman el terreno mejorando su estructura al construir sus hormigueros y, una vez abandonados, facilitar el establecimiento de nuevas plantas. Sus efectos van mas allá. Estas hormigas que se alimentan preferentemente de semillas y otros alimentos vegetales, dispersan con éxito e inintencionadamente algunas plantas al recolectar sus semillas, transportarlas y luego, por azar, no consumirlas, ayudados por una estructura de pelos alrededor de sus mandíbulas llamado psamóforo y que le ayuda a acarrear semillas. Es debido a su dieta granívora que las hormigas ortiga poseen cabezas tan grandes que les permiten acarrear y trozar las semillas que componen su dieta, razón por la cuál otros Géneros con los mismos hábitos poseen también cabezas grandes.

Pogonomyrmex bispinosus (foto de Pedro Vargas).

Las diferentes especies suelen estar enfocadas en un tipo diferente de hábitat y alimento, para no competir entre sí. Dentro de los alimentos que son capaces de consumir hay una gama casi infinita de posibilidades. A veces visitan las flores para beber su néctar y de paso su cuerpo puede quedar cubierto de polen, contribuyendo a la polinización como ocurre con las hormigas arborícolas. También ayudan a diseminar las semillas en algunos frutos: los quiscos (Trichocereus chiloensis) abren sus frutos al madurar y las hormigas acuden de inmediato a recolectar la pulpa dulce cargada de semillas.

Otras especies gustan más de la carne y buscan animales muertos para llevarlos a sus hogares, donde serán despedazados y repartidos entre la colonia, aunque si el animal es demasiado grande lo trozarán en terreno para facilitar su transporte. Si bien mucho de su alimento seguramente serán invertebrados muertos por otras causas, algunas especies han de cazar activamente como aquellas pertenecientes al Género Dorymyrmex que, luego de limpiar sus nidos por la mañana, salen en busca de carroña e insectos susceptibles de depredar. No solo la carne de otros animales: se piensa que el hormigón negro se alimenta, entre muchas otras cosas, de excrementos de aves y reptiles que llevan a sus nidos según un estudio. Quizá sea para alimentar a sus larvas que requieren alimentos ricos en Nitrógeno para así sintetizar proteínas y poder alcanzar el tamaño necesario para realizar su metamorfósis y convertirse en hormigas adultas pues, una vez alcanzado este estado no siguen creciendo (en especies donde las castas alcanzan diferentes tamaños, esto se alcanza en el estado de larva). Quizá sea por ello que las hormigas adultas sean tan asiduas a los alimentos azucarados, ya que requieren principalmente fuentes de energía química para echar a andar sus cuerpos más que elementos estructurales.

Izq: Dorymyrmex llevando trozos de hormigón; Der: Dorymyrmex faenando en terreno un coleóptero muerto (fotos de Pedro Va y Bernardo Segura respectivamente).

Hormigones dorados carneando una araña pollito (video de Bernardo Segura).

Las hormigas han logrado algo que muy poco animales pueden ostentar: han domesticado otras especies. Muchos insectos chupadores de savia se nutren de este alimento, enterrando sus aparatos bucales en las plantas. Estas sustancias suelen ser muy azucaradas y el excedente debe ser eliminado en la forma de ligamasa. Esto ocurre con los áfidos o pulgones que, junto a otras especies, son pastoreadas por las hormigas, quienes las protegen de sus predadores y las arrean de un sitio de alimentación a otro. Sus cuidadores reciben a cambio las secreciones azucaradas de los áfidos. En Chile se ha visto hormigas Dorymyrmex y hormigones cuidando pulgones, aunque su relación no está clara.

Dorymyrmex sp. visitando continuamente áfidos en la cima del cerro Minillas, Región Metropolitana (video de Juan Pablo Salgado).

Pero no todas las relaciones con otras especies vienen a beneficio de las hormigas. Si bien no muchos animales se atreven a meterse con ellas pues muerden o pican fuerte, como la hormiga de fuego (Solenopsis sp.), existen organismos que subsisten a expensas de estos insectos. Las moscas de la Familia Phoridae, por ejemplo, son insectos parasitoides que colocan sus huevos en los cuerpos de ciertas especies de hormigas. Sus larvas se nutren del cuerpo del hospedero hasta matarlo. Se ha planteado que las moscas perciben las sustancias químicas que las hormigas emiten cuándo están en guerra entre hormigueros. De esta manera no solo encontrarían a su hospedero si no que podrían colocar sus huevos mientras éstos están distraídos luchando. Las hormigas de fuego, por ejemplo, son parasitadas por la mosca phórida Pseudacteon obtusus que insertan un huevo en el tórax de las obreras y la larva, al eclosionar, se desplaza a la cabeza del hospedero, donde se alimenta de sus tejidos. El macabro proceso concluye cuando la larva decapita a la hormiga de fuego y termina su desarrollo para salir como mosca de las mandíbulas de la desafortunada hormiga.

Cortometraje realizado por Bernardo Segura de una pelea entre dos colonias de hormigones negros soldado (C. morosus) y una mosca Phoridae que se aprovecha de la situación.

Incluso otras hormigas pueden ser una amenaza y como se mencionó anteriormente, existen hormigas ladronas ("thief antes" en inglés), y Chile no es la excepción. Dos especies de hormigas de fuego: Solenopsis helena y S. latastei llevan este estilo de vida y construyen sus nidos subterráneos cerca de los nidos de otras especies de hormigas. Esto les facilita incursionar en los nidos vecinos y robar de ellos alimento recolectado por las víctimas, así como sus huevos y larvas.

Existen en Chile "falsas hormigas" cuyo parecido con las hormigas verdaderas llevan a otras especies a confundirse. Tal es el caso de la hormiga panda (Euspinolia militaris) que es en realidad una avispa cuyas hembras carecen de alas y son de un color blanco alternado con negro, origen de su nombre.
Otra especie es la araña imitadora del hormigón dorado (Atomosphyrus tristiculus) que, como su nombre indica, imita a esta hormiga con su abdomen dorado y resto del cuerpo negro, seguramente para que los depredadores la eviten.


La relación entre el ser humano y las hormigas es también muy diversa: asociadas con la mugre por algunos, admiradas por otros. Incluso en lugares como Australia las hormigas mieleras (Camponotus inflatus) han sido fuente de alimento para los aborígenes desde tiempos inmemoriales.
En Chile las hormigas están presente en el imaginario popular (¿cómo no? si están en todos lados), y existe incluso la creencia de que cuándo las hormigas están muy activas durante el verano, el invierno sería particularmente crudo. Aún así esto, en opinión del Doctor Joaquín Ipinza Regla veterinario chileno experto en hormigas, no sería cierto.
Las hormigas en las ciudades suelen ser una molestia dentro de los hogares, al encontrarse robándonos comida en las cocinas. En lugares muy antropizados (muy intervenidos por el hombre), como son las grandes ciudades, las especies nativas no han sabido adaptarse lo suficientemente bien como la foránea hormiga argentina (Linepithema humile), que es la hormiga común que los Santiaguinos vemos en nuestros jardines y casas, y que ha sabido sobrevivir en nuestros jardines soportando las inundaciones que se pueden generar al regar, pastoreando a los áfidos y cochinillas blancas en las plantas, tomando su parte en las sobras en los basureros y, curiosamente, en los caracoles de jardín (Helix sp.) que algunas personas pisan en cuánto ven en sus jardines.

Pero así como hay personas que ven a las hormigas como alimañas, hay quienes las encuentran seres fascinantes al punto de criarlas en cautiverio en sus propios hogares. Para tener una idea más clara de lo que esto trata, próximamente subiré una entrevista con Cristofer Canipane, criador de hormigas desde hace muchos años, y que nos contará de esa fantástica práctica que es la crianza de estos animales.

jueves, 23 de febrero de 2017

"Descubrimiento de América", poema de Raúl González Labbé

Habría que empezar de nuevo.
Partir de la raíz del indio.
Ir al origen puro sin conceptos ya hechos.
Sólo así encontraremos la América no descubierta,
la América del vientre claro y los jocundos pechos,
la América con su propio idioma cantador,
galopando su libertad de yegua joven bajo el cielo.

Araucarias en la niebla (foto de Bernardo Segura).

Tenemos cuatro siglos de invasiones.
No saber usar nuestros ojos.
Pies extraños caminan por nuestras heredades.
Extranjeras palabras definen gesto nuestros.
Oro, cobre y sudor americanos
-amalgama de gritos y protestas-
surcan el mar en barcos de incomprensibles nombres.

"Alacalufes cazando huemules" de Eduardo Armstrong.

América. Digo: América de los bananos,
de los cafetales, y las caucheras  los minerales.
La América que pare abundancia.
La América de los grandes ríos y las montañas grandes.
El Nuevo Mundo que amamanta al mundo viejo.
La tierra en que mis hermanos los parias tienen hambre.
La América, si, la América que no necesita nodrizas,
porque bebe leche del cielo en la cumbre del Aconcagua.

Aconcagua, en Argentina (foto sacada de ww.wikipedia.org).

No la escolar América sabida por los mapas:
tierra tatuada de nombres y colores,
partida en Panamá por un canal de fierro
y comida en el sur por los hielos australes,
sino ésta otra, ésta que nace
en el pétreo filo de los Andes
y cae como un poncho verde a dos mares azules.
Esta que va en mi canto americano,
resonando en el galope del charro,
del huaso, del llanero, del indio y del gaucho.
Esta que va en la espalda del cargador de muelles,
y en la espuela grandona, y en el sombrero floreado,

"Huaso y lavandera" de Mauricio Rugendas.

Y en la ojota besada por aguas y tierras,
y en el olor del mate amargo,
y en el lamento de la quena y la trutruca,
y en el aroma de la piña madura,
y en el maíz que ríe con risa de sátiro,
y en el coco y la jícara que recibe su jugo.
Esa es la América, hermanos.
Es pura la mañana. Cantan los pájaros.
Canta el sinsonte y el quetzal es un relámpago.
Vamos a descubrir la América nuestra.
El día agita sus banderas anchas.
Es hora de partir y amanecer.
Partamos.

Tenca (Mimus thenca), una especie de sinsonte (foto sacada de www.avesdechile.cl).

lunes, 20 de febrero de 2017

"Abejas...¡Mucho más que las productoras de miel!"

Abeja nativa (foto de Juan Pablo Salgado).

Estimados lectores, en vista de la toma de conciencia de la situación que viven las abejas melíferas (Apis mellifera), es importante aclarar ciertos puntos respecto de lo que les está ocurriendo y ver qué relación tiene con nuestras abejas nativas, razón por la cuál les comparto el siguiente link a un interesante artículo escrito por Patricia Henríquez, Constanza Schapheer y Cristian A. Villagra: