lunes, 12 de febrero de 2018

Un vistazo a las relaciones de Comensalismo en Chile

Homocopris torulosus, una especie comensalista nativa (foto de Benjamín Diaz Núñez).

Ya se habló en este blog sobre el parasitismo y el mutualismo en especies chilenas, ahora llegó el turno del comensalismo, que es un tipo de relación interespecífica (entre diferentes especies) en el que una especie se beneficia de otra sin generarle ningún daño. El ejemplo clásico es el de la rémora y los tiburones. En Chile contamos con las especies Remora crachyptera, Echeneis australis y Echeneis remora. Las remoras poseen en la parte superior de sus cabezas un disco que les permite adherirse a distintas superficies. Estos peces se pegan a tortugas marinas, rayas, tiburones, etc., para desplazarse con facilidad por largas distancias y, en el caso de que los transporte un predador, obtienen alimento de las sobras de la comida de este. Es un claro ejemplo en que un animal se beneficia de otro sin dañarlo. Otro ejemplo clásico es el de las garzas boyeras (Bubulcus ibis), que se acercan al ganado que pasta. Cuando los animales se mueven a través de los campos espantan bichos que escapan de sus pisadas o sus mandíbulas y son detectados y atrapados por las garzas. 

Remoras pegadas a un cetáceo (foto sacada del siguiente link: http://doris.ffessm.fr/Especes/Remora-australis-Remora-des-cetaces-4450)

Un caso similar al de la rémora es el de diversos ácaros que se transportan de flor en flor, donde obtienen su alimento, gracias a los picaflores. Cuando un picaflor visita una flor, entran y salen de sus orificios nasales multitud de ácaros. Algunas especies de pseudoescorpiones hacen algo parecido: con sus pinzas se afirman a una mosca que se pose cerca y la usan para transportarse de un lugar a otro. Estas dos interacciones no están estudiadas en Chile, pero es muy probable que ocurran. Después de todo, no es que en Chile no tengamos especies interesantes, lo que pasa es que falta investigarlas para develar estos y otros comportamientos. A estas formas de comensalismo, en el que una especie usa a otra para transportarse, se le llama foresis.

Pseudoescorpión (foto de Bernardo Segura).

Las plantas también pueden tener relaciones de comensalismo: numerosas especies se han adaptado a crecer sobre plantas de mayor tamaño sin causarle, aparentemente, un daño. Muchos árboles crecen hasta alcanzar grandes tallas, lo que permite la acumulación de hojarasca y tierra en sus ramas, lo que crea un suelo en donde pueden echar raíces otras plantas, que son conocidas como epífitas. Los musgos podrían ser muy importantes en este proceso. Estas plantas no poseen raíces "verdaderas", y en botánica se les llaman "rizoides", y no absorben por ahí los nutrientes. En vez de eso, los absorben a través de sus tejidos verdes: absorben por allí el agua con los nutrientes que vengan disueltos en ella. Como los rizoides solo les sirven para anclarse a un sustrato, pueden crecer directamente sobre la roca u otras plantas, y a medida que mueren se descomponen y llega más musgo, creando suelos que permiten establecerse a plantas más exigentes. En los bosques sureños se puede encontrar multitud de musgos, helechos y planta con flor epifitas que le dan verde al bosque en todas sus alturas. Esto es muy importante pues, de hecho, ahora se sabe que los bosques, principalmente los tropicales eso si, albergan su mayor biodiversidad en las alturas, ya que se aprovecha mejor el espacio disponible y brindan cobijo y alimento a mayor cantidad de animales.

Musgos sobre tronco, y un carpintero negro (Campephilus magellanicus) (foto de Bernardo Segura).

Al comensalismo que consiste en que una especie le brinde hogar a otra sin sufrir daños se le conoce como inquilinismo, y está presente también en nuestra fauna: el cangrejo de porcelana Allopetrolisthes spinifrons se asocia a anémonas Phymactis clematis y P. papillosa, ya que estas poseen tentáculos venenosos que protegen, involuntariamente, al cangrejo. Al parecer los cangrejos de porcelana tendrían un comportamiento territorial y cada anémona solo tendría un ejemplar adulto que, en ocasiones, toleraría la presencia de uno o dos ejemplares pequeños. Aún así, cuando son pequeños, estos crustáceos viven asociados a estrellas de mar hasta que son suficientemente grandes para conseguirse su propia anémona.


Un tercero tipo de comensalismo es la tanatocresia, en el que una especie se beneficia de los restos de otra: su cadáver, restos de su cuerpo, excrementos, etc. Hay multitud de ejemplos en invertebrados nativos. Los escarabajos estercoleros, por ejemplo, muchas veces llamados "toritos" ya que los machos de muchas especies cuentan con un par de "cuernos", se alimentan de y se reproducen en los excrementos de otros animales. Estos bichos poseen adaptaciones como una cabeza con forma de pala que le permite escarbar en la caca, además de un desarrollado sentido del olfato para encontrarla. Algunas especies, como Megathopa villosa, arman bolitas con la caca con la cuál el macho impresiona a la hembra y entierran la bolita donde ponen sus huevos. Otras especies hacen lo mismo en la bosta misma o bajo esta.


Escarabajos estercoleros, vaquitas o toritos (Homocopris torulosus), hembra a la izquierda y macho a la derecha (fotos de Andrés Ramirez Cuadros y Benjamín Díaz Núñez respectivamente).

Los paguros o cangrejos ermitaños hacen lo propio: usan conchas de caracoles muertos para vivir. El cuerpo del cangrejo está hecho para eso: es alargado para enroscarse en la concha, y es suave ya que esta lo protege. A medida que el paguro crece, la concha le va quedando chica y busca otra más grande, llegando en ocasiones a pelearse con otros por un mismo hogar. En algunas islas tropicales existen cangrejos ermitaños terrestres y se piensa que pudieron evolucionar en un inicio ya que al salir del agua, las conchas retenían lo suficiente como para mantenerse cierto tiempo fuera del agua. El cangrejo cocotero (Bijus latro) es una especie tropical (no presente en Chile) de cangrejo ermitaño gigante, de hasta 1 metro de largo con las patas estiradas que se adaptó lo suficiente a la vida terrestre y se volvió un gigante al punto de que ya no usa conchas de caracol. En Chile existen distintas especies, como Pagurus edwarsi, entre otras.

Pagurus edwarsi (foto de Bernardo Segrua).

Una araña aprovechó el exuvia (piel muerta) de una larva de matapiojos que hizo la metamorfosis, para hacer su hogar (foto de Bernardo Segura).

Las hormigas del género Pogonomyrmex son laboriosos insectos coloniales que cosechan semillas y otros alimentos vegetales para alimentar a la colonia. Hasta ahí todo normal para una hormiga, pero lo curioso es que los desechos y restos vegetales son depositados en una suerte de "vertederos" a los cuales asisten otros insectos como escarabajos e incluso otras especies de hormigas para hurgar en busca de alimento. Es notable, a mi parecer, porque es comparable a lo que pasa en vertederos creados por el ser humano que son visitados por palomas, gaviotas e incluso cóndores.

Vídeo de Juan Pablo Salgado.

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