sábado, 11 de marzo de 2017

Hormigas de Chile

Dorymyrmex goeschi en la entrada de su nido (foto de Bernardo Segura).

Todas las personas conocen a las hormigas. Son de los pocos insectos que nos acompañan prácticamente en el día a día. Sin embargo, y a pesar de su aparente cotidianidad, albergan historias fascinantes. Las hormigas son un bicho muy parecido al ser humano por un hecho poco común en los insectos: son sociales, organizados y crean sociedades casi tan complejas como las nuestras. Existen hormigas que son activas cazadoras-nómadas, otras recolectoras, las hay granjeras: ganaderas o agricultoras. Existen también hormigas ladronas, esclavistas de otras hormigas o cooperadoras entre sí.
Existen otros insectos que viven en comunidades organizadas tales como el moscardón o abejorro chileno (Bombus dahlbomii) que forma colmenas. Pero estos insectos forman colmenas cuya existencia solo dura una temporada, luego de lo cuál todos los individuos mueren con excepción de aquellos que fundarán colonias al año siguiente. En las hormigas, en cambio, ocurre que sus colonias pueden durar varios años. Esto, sumado a que en una colonia se traslapan las generaciones y al hecho de que existen divisiones en el trabajo de los individuos de la colonia, hace que se les considere eusociales, comportamiento que comparten con la abeja melífera (Apis mellifera) y, curiosamente, con el crustáceo de la especie Synalpheus regalis y las ratas topo desnudas (Heterocephalus glaber).

Cámarones eusociales en la serie de la BBC "Planeta Azul".

¿De dónde vienen las hormigas? Pues bien, las hormigas descienden de avispas primitivas, ya sociales, que hace millones de años adoptaron un modo de vida subterráneo, elaborando sus avisperos bajo tierra. Con el transcurso de la evolución perdieron sus alas, que pueden ser una molestia mientras se desplazan por túneles en el subsuelo.

Bajo tierra siguieron con su modo de vida social, dividido en castas altamente organizadas y especializadas que trabajan en conjunto para mantener a la colonia. Dentro de las castas tenemos a las obreras, individuos más numerosos y que realizan las distintas labores: limpiar el hormiguero, salir a buscar comida, atender a las otras castas, organizar las cámaras de sus colonias, etc. Algunas especies poseen diferentes tipos de obreras que realizan una u otra de estas tareas, como la nativa Brachymyrmex giardii que posee obreras de distintos tamaños, siendo las más grandes cosechadoras de néctar, el cuál almacenan en su abdomen expansible.
Algunas especies cuentan con una casta de soldados, cuya única función es la defender al hormiguero frente a predadores u otras hormigas. En Chile los hormigones (Camponotus sp.) cuentan con la casta de soldados que se distinguen por sus grandes cabezas.
La casta mas importante es la casta reproductora, que muchas veces tiene la apariencia de hormigas obreras con la diferencia de que presentan alas, como sus ancestros avispas. Esta casta es mimada por las obreras en el hormiguero hasta que se desata, en ciertas épocas del año, el vuelo nupcial en el cual los machos y hembras alados salen de su hogar para volar y reproducirse con el fin de fundar nuevas colonias. Los machos mueren después de este proceso y también muchas hembras, pero algunas, fertilizadas, empiezan a construir sus hormigueros y fundan así una nueva colonia. En algunas especies un nido puede tener mayor proporción de machos en su casta reproductora mientras que el nido vecino puede tener mayor proporción de hembras, de modo que existe mas probabilidad de que se crucen entre sí que con sus hermanas.

Vuelo nupcial de hormigón dorado (quizá C. chilensis C. spinolae) (video de Juan Pablo Salgado).

En muchas especies las hembras fecundadas empiezan su nido y sellan la entrada mientras crían a su prole, sobreviviendo las reinas al metabolizar los músculos de sus alas y alimentando a sus primeras larvas con huevos tróficos, que son estériles y cumplen la función de alimento. Cuándo ya poseen sus primeras obreras, son estas las que abren la entrada del nido.
Luego de criar a sus primeras obreras dejan de trabajar y solo se dedican a poner huevos mientras sus hijas la atienden. Así surge la reina, que puede gobernar su hormiguero en solitario o en conjunto con otras reinas que cooperen entre sí al momento de fundar el nido, como ocurre con los hormigones. Las reinas son de mayor tamaño que el resto de las castas y viven  mimadas por sus hijas obreras en sus hormigueros. No pareciera que las reinas lleven vidas muy agitadas pero en algunas especies, cuándo varias hembras reproductoras han empezado juntas una colonia, con el paso del tiempo la reina dominante toma el poder por la fuerza matando a sus compañeras.

Reina de hormiga de fuego de la especie Solenopsis gayi (Foto Asiel Olivares).

Entre tantas hormigas, castas y labores necesarias para mantener sus colonias ¿Cómo se organizan entre sí? La respuesta es: comunicación química. Estos insectos son capaces de producir sustancias químicas que codifican mensajes de modo que pueden alertar a sus compañeras de un peligro, marcar rutas de escape o hacia fuentes de alimento, o avisar de que se requiere ayuda para reparar algunas partes del hormiguero.
La comunicación química se realiza a través de feromonas volátiles (quedan en el aire) o sustancias no volátiles. Son compuestos químicos de diferentes tipos que son generados y almacenados en ciertas glándulas en el cuerpo de la hormigas y que los va liberando de manera controlada para comunicarse. Las distintas combinaciones de compuestos, y sus proporciones, codifican mensajes específicos que la hormiga es capaz de percibir a través de sus antenas.

Si bien se comentó en un inicio que las hormigas evolucionaron al hacer sus colonias bajo tierra, actualmente las  distintas especies han ocupado diferentes lugares para establecerse. Mientras que los hormigones negros (C. morosus) pueden hacer sus hogares bajo tierra o piedras, los hormigones dorados pueden usar troncos caídos y en proceso de descomposición, y la hormiga arborícola (Pseudomyrmex lynceus) ocupa huecos en ramas secas de los árboles para construir sus nidos, razón por la cuál se encuentra incluso en las dunas de Concón, donde anida en los arbustos de gran tamaño que se encuentran entre las dunas. Existen especies capaces de vivir en hormigueros de otras especies y coexistir en relativa armonía y, en las selvas tropicales, existen los llamados "jardines de hormigas", compuestos por plantas de determinadas especies que albergan una o varias especies de hormigas especializadas en vivir solo en ese tipo de plantas. Esto último quizá ocurra en Chile, en los bosques del sur o aún en los de la zona central, pero desconozco si es así.
Incluso dentro de las especies que construyen sus nidos bajo tierra hay diferencias, y algunas prefieren suelos arenosos, mientras que otras los prefieren suelos mas compactos y así.

Hormigas nativas en el Cajón del Maipo, con hormigueros bajo tierra cuyas entradas parecen volcanes en miniatura (fotos de Daniel Hinojosa).

 
Izq: hormiga arborícola en espino; Der: hormiga arborícola asomándose de su nido en una rama (fotos de Bernardo Segura y Pedro Vargas respectivamente).

En sus hormigueros hay galerías específicas para la casta reproductora, desechos del hormiguero, despensas de comida, huevos y larvas. Los nidos se ordenan de maneras acorde a los hábitos de las diferentes especies. Las hormigas ortiga, del Género Pogonomyrmex que en Chile cuenta con 5 especies, poseen "basureros" donde dejan restos de comida y que sirven a otros insectos como fuente de alimento, incluyendo otras especies de hormigas. 
Se vuelve necesaria la mención de las hormigas cortadoras de hojas, de los Géneros Atta y Acromyrmex, que cosechan hojas y en sus hormigueros subterráneos poseen cámaras destinadas a formar jardines de hongos que alimentan con estas hojas. Los hongos solo se encuentran en estos jardines, donde tienen las condiciones necesarias para su crecimiento. Las hormigas los cultivan pues se alimentan de ellos.

Las hormigas ortiga, llamadas en inglés harvester ants (hormigas cosechadoras), usan y transforman el terreno mejorando su estructura al construir sus hormigueros y, una vez abandonados, facilitar el establecimiento de nuevas plantas. Sus efectos van mas allá. Estas hormigas que se alimentan preferentemente de semillas y otros alimentos vegetales, dispersan con éxito e inintencionadamente algunas plantas al recolectar sus semillas, transportarlas y luego, por azar, no consumirlas, ayudados por una estructura de pelos alrededor de sus mandíbulas llamado psamóforo y que le ayuda a acarrear semillas. Es debido a su dieta granívora que las hormigas ortiga poseen cabezas tan grandes que les permiten acarrear y trozar las semillas que componen su dieta, razón por la cuál otros Géneros con los mismos hábitos poseen también cabezas grandes.

Pogonomyrmex bispinosus (foto de Pedro Vargas).

Las diferentes especies suelen estar enfocadas en un tipo diferente de hábitat y alimento, para no competir entre sí. Dentro de los alimentos que son capaces de consumir hay una gama casi infinita de posibilidades. A veces visitan las flores para beber su néctar y de paso su cuerpo puede quedar cubierto de polen, contribuyendo a la polinización como ocurre con las hormigas arborícolas. También ayudan a diseminar las semillas en algunos frutos: los quiscos (Trichocereus chiloensis) abren sus frutos al madurar y las hormigas acuden de inmediato a recolectar la pulpa dulce cargada de semillas.

Otras especies gustan más de la carne y buscan animales muertos para llevarlos a sus hogares, donde serán despedazados y repartidos entre la colonia, aunque si el animal es demasiado grande lo trozarán en terreno para facilitar su transporte. Si bien mucho de su alimento seguramente serán invertebrados muertos por otras causas, algunas especies han de cazar activamente como aquellas pertenecientes al Género Dorymyrmex que, luego de limpiar sus nidos por la mañana, salen en busca de carroña e insectos susceptibles de depredar. No solo la carne de otros animales: se piensa que el hormigón negro se alimenta, entre muchas otras cosas, de excrementos de aves y reptiles que llevan a sus nidos según un estudio. Quizá sea para alimentar a sus larvas que requieren alimentos ricos en Nitrógeno para así sintetizar proteínas y poder alcanzar el tamaño necesario para realizar su metamorfósis y convertirse en hormigas adultas pues, una vez alcanzado este estado no siguen creciendo (en especies donde las castas alcanzan diferentes tamaños, esto se alcanza en el estado de larva). Quizá sea por ello que las hormigas adultas sean tan asiduas a los alimentos azucarados, ya que requieren principalmente fuentes de energía química para echar a andar sus cuerpos más que elementos estructurales.

Izq: Dorymyrmex llevando trozos de hormigón; Der: Dorymyrmex faenando en terreno un coleóptero muerto (fotos de Pedro Va y Bernardo Segura respectivamente).

Hormigones dorados carneando una araña pollito (video de Bernardo Segura).

Las hormigas han logrado algo que muy poco animales pueden ostentar: han domesticado otras especies. Muchos insectos chupadores de savia se nutren de este alimento, enterrando sus aparatos bucales en las plantas. Estas sustancias suelen ser muy azucaradas y el excedente debe ser eliminado en la forma de ligamasa. Esto ocurre con los áfidos o pulgones que, junto a otras especies, son pastoreadas por las hormigas, quienes las protegen de sus predadores y las arrean de un sitio de alimentación a otro. Sus cuidadores reciben a cambio las secreciones azucaradas de los áfidos. En Chile se ha visto hormigas Dorymyrmex y hormigones cuidando pulgones, aunque su relación no está clara.

Dorymyrmex sp. visitando continuamente áfidos en la cima del cerro Minillas, Región Metropolitana (video de Juan Pablo Salgado).

Pero no todas las relaciones con otras especies vienen a beneficio de las hormigas. Si bien no muchos animales se atreven a meterse con ellas pues muerden o pican fuerte, como la hormiga de fuego (Solenopsis sp.), existen organismos que subsisten a expensas de estos insectos. Las moscas de la Familia Phoridae, por ejemplo, son insectos parasitoides que colocan sus huevos en los cuerpos de ciertas especies de hormigas. Sus larvas se nutren del cuerpo del hospedero hasta matarlo. Se ha planteado que las moscas perciben las sustancias químicas que las hormigas emiten cuándo están en guerra entre hormigueros. De esta manera no solo encontrarían a su hospedero si no que podrían colocar sus huevos mientras éstos están distraídos luchando. Las hormigas de fuego, por ejemplo, son parasitadas por la mosca phórida Pseudacteon obtusus que insertan un huevo en el tórax de las obreras y la larva, al eclosionar, se desplaza a la cabeza del hospedero, donde se alimenta de sus tejidos. El macabro proceso concluye cuando la larva decapita a la hormiga de fuego y termina su desarrollo para salir como mosca de las mandíbulas de la desafortunada hormiga.

Cortometraje realizado por Bernardo Segura de una pelea entre dos colonias de hormigones negros soldado (C. morosus) y una mosca Phoridae que se aprovecha de la situación.

Incluso otras hormigas pueden ser una amenaza y como se mencionó anteriormente, existen hormigas ladronas ("thief antes" en inglés), y Chile no es la excepción. Dos especies de hormigas de fuego: Solenopsis helena y S. latastei llevan este estilo de vida y construyen sus nidos subterráneos cerca de los nidos de otras especies de hormigas. Esto les facilita incursionar en los nidos vecinos y robar de ellos alimento recolectado por las víctimas, así como sus huevos y larvas.

Existen en Chile "falsas hormigas" cuyo parecido con las hormigas verdaderas llevan a otras especies a confundirse. Tal es el caso de la hormiga panda (Euspinolia militaris) que es en realidad una avispa cuyas hembras carecen de alas y son de un color blanco alternado con negro, origen de su nombre.
Otra especie es la araña imitadora del hormigón dorado (Atomosphyrus tristiculus) que, como su nombre indica, imita a esta hormiga con su abdomen dorado y resto del cuerpo negro, seguramente para que los depredadores la eviten.


La relación entre el ser humano y las hormigas es también muy diversa: asociadas con la mugre por algunos, admiradas por otros. Incluso en lugares como Australia las hormigas mieleras (Camponotus inflatus) han sido fuente de alimento para los aborígenes desde tiempos inmemoriales.
En Chile las hormigas están presente en el imaginario popular (¿cómo no? si están en todos lados), y existe incluso la creencia de que cuándo las hormigas están muy activas durante el verano, el invierno sería particularmente crudo. Aún así esto, en opinión del Doctor Joaquín Ipinza Regla veterinario chileno experto en hormigas, no sería cierto.
Las hormigas en las ciudades suelen ser una molestia dentro de los hogares, al encontrarse robándonos comida en las cocinas. En lugares muy antropizados (muy intervenidos por el hombre), como son las grandes ciudades, las especies nativas no han sabido adaptarse lo suficientemente bien como la foránea hormiga argentina (Linepithema humile), que es la hormiga común que los Santiaguinos vemos en nuestros jardines y casas, y que ha sabido sobrevivir en nuestros jardines soportando las inundaciones que se pueden generar al regar, pastoreando a los áfidos y cochinillas blancas en las plantas, tomando su parte en las sobras en los basureros y, curiosamente, en los caracoles de jardín (Helix sp.) que algunas personas pisan en cuánto ven en sus jardines.

Pero así como hay personas que ven a las hormigas como alimañas, hay quienes las encuentran seres fascinantes al punto de criarlas en cautiverio en sus propios hogares. Para tener una idea más clara de lo que esto trata, próximamente subiré una entrevista con Cristofer Canipane, criador de hormigas desde hace muchos años, y que nos contará de esa fantástica práctica que es la crianza de estos animales.

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