viernes, 2 de mayo de 2014

Los Camélidos de Chile

Al oír la palabra "camélidos" automáticamente solemos imaginar un camello (Camelus ferus) o un dromedario (Camelus dromedarius), pero mucha gente no asocia estos animales con ejemplares de nuestra fauna: guanacos (Lama guanicoe), llamas (Lama glama), vicuñas (Vicugna vicugna) y alpacas (Vicugna pacos).

Llama y alpaca (foto sacada de www.wikipedia.org)

Curiosamente, los camélidos actuales se encuentran muy lejos del continente que los vio nacer como grupo: Norteamérica. Allí habitaron muchas especies, algunas enormes y otras no tanto como Titanotylopus o Camelops. Miembros de esta familia abandonaron el continente y se dirigieron a Asia a través del Estrecho de Bering mientras que otros se desplazaron hasta Sudamérica a través del Istmo de Panamá durante el Gran Intercambio Biótico Americano. Uno de estos camélidos primitivos fue Hemiauchenia, el cuál se cree que dio origen a los guanacos y vicuñas. Hasta hace no mucho se creía que el Género Paleolama fue quien les dio orígen, pero recientemente  se ha encontrado evidencia que apunta a que este género se desarrolló de manera independiente en América del Norte.

Reconstrcción de Aepycamelus, un camélido primitivo norteamericano (foto sacada de www.wikipedia.org)

Los actuales camélidos de América ahora se restringen a la masa sur de este megacontinente, en concreto, a la Patagonia y la Cordillera de los Andes. Con dos especies salvajes y dos domésticas, actualmente los "camellos del sur" no cuentan con la diversidad de especies que antaño, sin embargo las que subsisten son sumamente resistentes allí donde medran. En efecto, el Altiplano es un hábitat hostil para muchas criaturas debido a las condiciones de sequedad, escaso oxígeno y bajas temperaturas. Allí las vicuñas y los guanacos de la subespecie L. g. cacsilensis deambulan en manadas entre los bofedales de altura, que son zonas pantanosas en torno a los cursos de agua donde crecen plantas con alto requerimiento hídrico como el pako macho (Oxychloe andina) crecen en forma acojinada, y donde se concentra una rica y variada fauna. Aquí los camélidos pastan y sacian su sed, atentos a que los zorros no acosen a sus crías, llamadas chulengos en el caso de los guanacos.

Vicuña y guanaco en el Parque Nacional Nevado Tres Cruces (fotos de Luis Vega)

Los pueblos andinos domesticaron estos salvajes herbívoros y crearon así a la llama y la alpaca, de los cuales obtienen lana, carne y un estupendo animal de carga como es la llama. Tal fue y sigue siendo su relación con estos animales que forman parte de su folclore y mitología, llegando incluso a ofrecerlos en sacrificios rituales a los dioses de sus culturas.

Pictograbados en Taira, un alero rocoso en el curso superior del río Loa, en el norte de Chile (foto tomada por Andrea Ugarte)

Las llamas se consideran pastoreadores "de bajo impacto" pues poseen almohadillas en sus pies que no erosionan el terreno a diferencia de las ovejas y vacas que se consideran  "de alto impacto" por sus pezuñas (foto de Andrea Ugarte)

Pero la relación con las versiones silvestres no se perdió y el Imperio Inca aprovechó incluso la lana de las vicuñas salvajes en una cacería llamada chaku, en la cuál los hombres arreaban a los animales a corrales compuestos por estacas unidas a través de sogas con telas de colores que espantaban a las vicuñas. Con los herbívoros a su merced procedían a trasquilarlos y liberarlos, con excepción de los ejemplares viejos o enfermos que eran sacrificados. Esta actividad se realizaba cada cuatro años por lo que, seguramente, no repercutía en las poblaciones de esta especie.

En la Zona Central se encontraba el guanaco, el cuál era de importancia para los indígenas locales pues era la mayor pieza de caza, luego de que se hubiese extinguido la megafauna compuesta de perezosos gigantes, caballos y gonfoterios. Producto de las relaciones con el Imperio Inca, los pikunches, habitantes originarios de la zona, también pasaron a criar llamas.
Antaño los guanacos eran muchísimo mas abundantes en la zona central y en la actualidad es posible encontrarlos de manera relativamente frecuente en pocos lugares, como por ejemplo en el Parque Nacional  Bosque de Fray Jorge. En el Cajón del Maipo, ubicado en la pre y cordillera andina del sur de la Capital era posible ver manadas de estos animales, los cuales eran cazados por los arrieros y faenados para convertirlos en charqui. A modo de nota personal: mi abuela de niña comió esta carne, época en la cuál ya estaba prohibida su caza en este lugar. Contaba que era un charqui muy sabroso.
En 2012 se volvieron  a ver manadas en el Cajón, provenientes de Argentina.


En el sur de Chile se encontraban y siguen encontrado guanacos, esta vez de la subespecie sureña L. g. guanicoe, que también habita la Patagonia Argentina. Mucho mas abundantes que sus homólogos del norte del país, forman manadas mas numerosas compuestas de un macho dominante con su harén de hembras y sus chulengos o manadas de machos solteros que "roban" las hembras de los harenes para formar el propio.

En la zona sur su principal predador natural es el puma, felino de gran tamaño que en el Parque Nacional Torres del Paine regula su población (fotos de Bernardo Segura)

En Tierra del Fuego era la mayor pieza de caza terrestre del pueblo selknam el cuál, lamentablemente, se extinguió debido a los colonos europeos quienes realizaban "cacerías humanas" con dicho fin, entre muchos otros factores, todos ellos producto de esta invasión a su ancestral territorio. El guanaco fue un animal muy importante para ellos pues les procuraba pieles para vestir así como carne. En la actualidad existe una sobrepoblación de guanacos que dificulta la regeneración de los bosques de lenga (Nothofagus pumilio) por lo que se ha propuesto legalizar la caza controlada en dicha isla.

Mujer selknam llamada Honte, usando su ropa hecha de piel de guanaco (foto extraída del libro "El fin de un mundo, los selknam de Tierra del Fuego)

Aunque en la actualidad la caza de los camélidos salvajes en Chile está prohibida, se siguen realizando estas actividades, de forma ilegal por supuesto, y en abril de 2014 se supo de la cacería de 29 vicuñas en la Reserva Nacional los Flamencos, desolladas para obtener su fina lana.
Esta práctica no es la única amenaza que corren: la introducción de perros asilvestrados a su hábitat también contribuye a su disminución pues les dan casa y suelen acosarlos. Adjunto el link de la noticia y un video donde se aprecia claramente un par de perros persiguiendo un guanaco:


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